Salamandra

Si algo caracteriza el Noroeste ibérico, es el verdor de nuestros paisajes.
Cientos de horas anuales de lluvias lo posibilitan, hacen de nuestro territorio una potencia botánica y faunística. Bosques caducifolios, con gran diversidad de hongos y helechos, hábitats prioritarios como turberas, númerosas especies de anfibios, y ese velo místico que tienen las mañanas nubladas, los días oscuros y el monte húmedo al amanecer.

Esta climatología además de diseñar nuestro paisaje y condicionar sus habitantes, favoreció ciertas adaptaciones antrópicas, marcó unas costumbres que hoy forman parte de una cultura, sus tradiciones, su gastronomia, su modo de vida.


Es dificil soportar un cielo colmatado de nubes gran parte del año y agua en el rostro azotado por el viento. Anímicamente, el tiempo marca una diferencia; más si trabajas al aire libre, en el campo, como un servidor. Hoy, soportando el temporal en un monte de la dorsal gallega, tuve el placer de encontrarme con una Salamandra. Ya hace casi un año que nuestros caminos no coincidian. Encuentros como este, alegran un día de temporal.

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